Tienes un dinero ahorrado y la tentación es lógica: si la bolsa renta más a largo plazo, ¿por qué no meterlo todo? Porque no todo tu dinero tiene el mismo trabajo.
Hay dinero que vas a necesitar pronto —el mes que viene, este año, el que viene—: el alquiler, un imprevisto, la entrada de algo. Ese dinero no puede arriesgarse, porque el día que lo necesites el mercado puede estar cayendo, y tendrías que vender justo en el peor momento.
Y hay dinero que no vas a tocar en muchos años. Ese sí aguanta los vaivenes, porque tiene tiempo de recuperarse. La pregunta que lo ordena todo no es «¿dónde renta más?», sino «¿cuándo voy a necesitar este dinero?».
A esa distancia entre hoy y el día que gastarás el dinero se le llama horizonte. Cuanto más corto, menos riesgo puede correr. El dinero a corto plazo se guarda donde esté a mano y no se mueva; el de largo plazo es el que puede ir a crecer.
Esto es formación, no asesoramiento. No recomendamos ningún producto ni prometemos rentabilidad: aquí aprendes a decidir tú.
En las próximas lecciones: cuánto colchón y dónde, qué es de verdad la renta fija, las letras, los depósitos, los fondos monetarios, y cómo repartir todo por plazos.